El pueblo argentino sabrá reivindicar los doce años en las elecciones de 2017

Por Arq. Julio De Vido

Nosotros no votamos ni con tristeza, ni con alegría ni vergüenza; simplemente llevamos adelante un voto para no habilitar esta negociación que es, a todas luces, ilegítima porque es odiosa, no solamente al sentir del pueblo argentino sino también a sus intereses; y esto es lo más grave. Algunos decían que esto era una derrota y capitulaban; otros que estaban asqueados con la lacra de los fondos buitre; otros se tapaban la nariz. Pero el diputado Andrés Larroque en su alocución hizo una perfecta descripción de los objetivos de la Alianza Cambiemos. Señaló que en su plataforma llevaba este plan de acordar con los buitres de cualquier manera, no porque les interesara salir del default, ni mucho menos el desarrollo de la industrial nacional o de una inversión genuina en la Argentina, sino porque desean entrar en la espiral de endeudamiento que ya vivimos en la década del ’90, que empezó con la dictadura y sepultó al país con la administración de De La Rúa. Hoy todos los seguidores de este último, fundamentalmente muchos integrantes del Partido Radical, están haciendo el curso a ver quién es el empleado del mes del gobierno del PRO. Y la historia del Partido Radical se da a patadas, se enfrenta con esta merma a la soberanía y este ataque al interés del pueblo argentino que significaría la derogación de las leyes Cerrojo y Pago Soberano, con la consiguiente aprobación de una nueva emisión de deuda.

Este nuevo endeudamiento no va a venir para obras de infraestructura. El desarrollo de infraestructura viene de la mano de tasas de interés más amables, de acuerdos estratégicos Estado-Estado y de empresas que muchas veces son estatales y que tienen una visión sustancialmente distinta de lo que es un negocio. Es decir, hacen negocios pero desde otra óptica, inserta en la economía de un país en desarrollo como la Argentina. Al respecto, vale recordar los satélites AR-SAT, el alargamiento de vida de la Central Embalse, las represas Cepernic, Kirchner, Chihuido.

Y acá una paradoja. Tanto que han cacareado durante estos años con la diversificación de la matriz energética, que ahora que hemos dejado planificadas o listas para poner en marcha todas las centrales anteriormente citadas, y así mejorar aún más una matriz más heterogénea, la administración macrista tiene todo paralizado.

Durante los últimos doce años se descubrió uno de los yacimientos de gas no convencional más importante del mundo, se recuperó la petrolera de bandera, se firmaron acuerdos financieros con empresas extranjeras como Chevron (más de 7.000 millones de dólares de inversión). La administración de Macri tiene más de 29.000 millones de dólares disponibles, para invertir ahora, con la República Popular China a través de dos centrales nucleares y de las represas Kirchner y Cepernic. Pero no. Evidentemente, su perspectiva está enmarcada en el brutal plan de ajuste que han llevado adelante desde el 10 de diciembre. En 90 días se han perdido 115.000 puestos de trabajo, la inflación supera el 8% mensual, se devaluó 60% la moneda, se aumentó 500% la tarifa eléctrica, la actividad comercial minorista cayó 4,5%, la producción automotriz bajó el 27%, el consumo de cemento venía batiendo récords históricos mes a mes en el año 2015 y ha tenido una caída del 9,4% en febrero del 2016.

Es que no le interesa una Argentina moderna, pujante y socialmente inclusiva. Le interesa la libertad de comercio y lo que opine el FMI. Hacer bien los deberes allí para obtener crédito para pagar deuda porque de eso estamos hablando: estamos tomando un crédito para pagar una deuda y eso es demoledor. Nosotros en estos doce años tomamos 27.000 millones de dólares de crédito pero para alargar la vida de Embalse, para ejecutar el Plan del Norte Grande, plan que tiene una componente vial, una de saneamiento y otra eléctrica. A propósito de este último, dicha componente recibió el crédito más grande jamás otorgado por el BID: 2.800 millones de dólares. Entonces nos dicen que nosotros no tuvimos crédito. ¿Cómo que no? Claro que lo tuvimos, pero para desarrollar infraestructura argentina. Y esto es lo que se está destruyendo y es írrito para el interés popular y va en contra del interés de la Patria.

Lamentablemente, el oficialismo con sus aliados logró obtener una media sanción de esta ley que va a habilitar un nuevo proceso de endeudamiento para el pago de deuda. ¿Derramará dólares para las provincias y la obra pública? Olvídense; no pasó en la década del ’90 no va a pasar ahora. Entonces, no vino un peso para ninguna provincia y la tan mentada inversión pública que iba a venir no vino y, por supuesto, la privada tampoco. Se hicieron algunos proyectos muy puntuales que sólo redundaron en acentuar el carácter centralista de la economía nacional a partir de la Ciudad de Buenos Aires.

Estamos a las puertas de un reingreso de la Argentina al FMI, lo cual implica una pérdida de soberanía nacional en términos de la independencia económica por la que trabajamos duramente en estos doce años. Nosotros sabemos lo que piensa el PRO y, de alguna manera, le explicaron a la gente qué es lo que iban a hacer. Una parte de la población votó engañada sobre la base de un supuesto progreso que ellos vocearon y que finalmente están comprobando ahora. Y no sólo que no viene más progreso sino que no van a poder mantener las mejoras en las condiciones de vida obtenidas desde 2003 a 2015.

Justamente en los sectores que dicen enarbolar la doctrina justicialista o radical son los funcionales a la implementación de estas políticas. Ahí es donde radica el nudo de la cuestión. Empecé mi discurso haciendo una alegoría de aquellos que decían que se tapaban la nariz; otros incluso, en un ataque de coherencia como el caso del diputado Bossio, hablaron de estar asqueados por la lacra de los fondos buitre y otros, como el caso de Felipe Solá, que dijeron que iban a votar y finalmente no fueron a la votación. Ni Felipe Solá, ni Facundo Moyano, ni Baer, ni Fabiani votaron la ley; estuvieron ausentes. Eso es un dato que indica que no todo el mundo está dispuesto a relegar sus convicciones que alguna vez tuvo pero tampoco está dispuesto a camisetearse en aras de un proyecto claramente antinacional. Tanto el Peronismo como el Radicalismo han tenido líderes como Yrigoyen, como Perón, Néstor y Cristina, que hablaban de una Patria libre, de soberanía económica, de justicia social. Pero esto que hoy estamos viviendo es todo lo contrario. Y acá sí nos molesta porque falta honestidad intelectual en cuanto a la posición sostenida. Después está el caso de algunos gobernadores que creen que van a obtener gobernabilidad a partir de levantar alegremente la mano aunque sea en contra de lo que sostuvieron toda la vida en términos ideológicos. Los invito, porque sé que muchos son buena gente y están asustados, a que reflexionen y vean lo que fue la década del ’90. Allí no se obtuvo ningún fondo, ninguna posibilidad de llevar adelante un proceso de desarrollo del interior profundo de la Argentina con estas políticas neoliberales y de ajuste. A propósito, días atrás el diputado Gioja reconocía el volumen y la importancia de la obra pública que ha cambiado la vida de San Juan en términos de su infraestructura, le ha dado la posibilidad de tener un eje de desarrollo, carreteras, hospitales; se construyeron además importantísimos centros culturales, se instaló una fábrica de placas para la generación de energía fotovoltaica. ¿Y ahora? Ahora se liberan las importaciones, no hay ningún tipo de protección a la industria nacional, todo lo cual pone en riesgo los grandes avances realizados durante nuestras gestiones.. Creo, por tanto, que es fundamental que los líderes federales sean conscientes de que lo que se viene es política neoliberal pura, lisa y llana, letal.

Pero tengo fe. El federalismo es un sentimiento imbricado en el corazón de la gente. Vaya el lector a cualquier provincia y hable de federalismo. La gente lo porta como sentimiento. Desde la Primera Junta, luego del fusilamiento del Coronel Dorrego, luego de Caseros, siempre han venido tiempos mejores. Después de la Generación del ’80 vino Yrigoyen, después de la Década Infame vino Perón, después del fusilamiento de Dorrego vino el Brigadier Juan Manuel de Rosas. Quiero decir, que la Argentina no va a aceptar este destino de sumisión. Nuestro pueblo va a saber dar las batallas que tenga que dar en el plano democrático. El año que viene hay elecciones y le gente sabrá redituar lo que significaron para su calidad de vida los subsidios a la energía, los subsidios al gas, los subsidios al agua, la incorporación de 10 millones de personas al agua y a la cloaca, la ampliación de la red de autopistas, de rutas interprovinciales, la Ruta 40 que es la única nacional de estructura grande que no pasa por Buenos Aires.

Todo esto será reivindicado por el pueblo argentino el año próximo en las elecciones legislativas y entendemos que, a partir de allí, todo pasará a ser una pesadilla que habrá que remontarla con la valentía, el coraje y las ganas que tuvo ese mismo pueblo cuando a partir de 2003 decidió acompañar a Néstor Kirchner y después a Cristina; igual cuando Don Hipólito Yrigoyen se hizo cargo del gobierno en 1916 o cuando el Brigadier Juan Manuel de Rosas tomó el manejo de la Confederación Argentina después de la entrega de Rivadavia. En esta misma línea, el crédito de la Baring Brothers tenía el mismo espíritu que lo que se acaba de votar y que seguramente va a traer la consiguiente repulsa de la población en términos eleccionarios el año que viene.