Prat Gay y la vuelta al premeditado ciclo del fracaso económico recurrente y progresivo

por Federico Bernal

17-01-2016 | Supongamos por un momento que al neoliberalismo le asiste la razón: sus ejecutores -los desfalcadores de la República Argentina- vienen a salvarnos de la desastrosa herencia kirchnerista. Tres pavas preguntas desmantelan la enésima zoncera: ¿Estamos peor o igual que en 2001, luego de cuatro años de brutal recesión? Segunda: ¿Estamos peor o igual que, por ejemplo, en mayo de 2003? Y tercera: ¿Acertó Kirchner con sus medidas anti-crisis? Cualquiera de las tres preguntas y sus respuestas sirven al planteo expuesto debajo, pues es tiempo de empoderarnos de “política y economía” (título del fundamental libro de Don Arturo). El neoliberalismo podrá decir lo que quiera, pero la historia reciente demuestra que no ha habido mejor antídoto contra una economía hundida que las políticas tomadas por Néstor Kirchner. Así que, nomás lo que lleve leer esta nota, démosle la derecha a la derecha a ver con qué nueva falacia nos salen, sin perder de vista que el más trágico de todos los DNU comienza a hacer estragos. Es el DNU del atraso, la dependencia y la exclusión social y provincial, norma elaborada en el extranjero para uso de los argentinísimos militantes del fundamentalismo de mercado.


¿Igual, mejor o peor que en 2001?

En el primer año del nuevo siglo, casi un 40% de la población argentina, esto es, cerca de 15 millones de compatriotas (treparía al 50% en 2002) en la pobreza y la indigencia. La deuda externa como porcentaje de la riqueza nacional: 55%, la más alta después de la gran jugada de Martínez de Hoz de estatizar la deuda, como es sabido, magistralmente consumada por Domingo Cavallo, Carlos Melconian y Daniel Marx. Deuda con el FMI como porcentaje de la deuda externa total: 90%, la más alta desde el ingreso del país al organismo en 1956. Desempleo más subdesempleo: arriba del 30%. Una economía dolarizada de facto, y un pueblo aún más dolarizado, que es mil veces peor. Semejante debacle no había caído del cielo o arribado en platillo volador. A excepción de algunos meses de espejitos de colores, el empobrecimiento de las clases populares venía desde 1975.

En noviembre de 2001 y bajo los auspicios del secretario Federico Sturzenegger, mano derecha de Cavallo, el Compromiso Federal por el Crecimiento y la Disciplina Fiscal pegaba un ajuste de tuerca: era la reducción del 13% en salarios y haberes previsionales aplicados al sector público nacional en sintonía con el Déficit Cero. La mega devaluación de 2002 y los nuevos compromisos de reducción del déficit fiscal les dieron a las ya arrasadas provincias el toque de gracia. El estadounidense Rudi Dornbush desde el MIT proponía que la Argentina ceda por un lustro el manejo de su economía y finanzas a un equipo de tecnócratas en Washington. El Financial Times aplaudía la iniciativa y lo peor del cipayaje doméstico levantaba la mano para sumarse a la aberración, tal el caso de Miguel Ángel Broda, hoy asesor del Presidente Macri.

Llegado a este punto, recordemos la primera de las preguntas de la introducción. El interrogante va dirigido por supuesto al señor ministro de Hacienda y Finanzas: ¿Estamos peor o igual que en 2001, luego de cuatro años de brutal recesión? Si se vuelca por “peor” o “igual”, ¿cómo explicar que Ud. se decida entonces por las mismas políticas económicas, financieras y comerciales que destrozaron al país? Veamos la “contradicción”…

Gráfico: Evolución de la deuda pública
Fuente: Evolución de la deuda pública como porcentaje del PBI y proyecciones. Documento “Assessing Sustainability”, FMI – 28 de Mayo de 2002.

El gráfico anterior fue explicado por la revista oficial de la Reserva Federal del Banco de San Francisco como sigue: “Este ratio mide la cantidad total de la deuda pública en relación con la capacidad de la economía de producir un ingreso (imponible) para servirla. En la figura, la línea gruesa continua muestra la ruta real mientras que las rayas más delgadas y las líneas punteadas representan los escenarios previstos por el FMI, primero bajo el Programa de Servicio Ampliado del Fondo de 1998 (EEF, siglas en inglés) y luego bajo el Acuerdo Stand-By de 2000 (SBA, en inglés). La figura revela que la relación deuda pública/PBI de la Argentina creció rápidamente, del 35% en 1995 a casi el 65% en 2001. También resulta evidente que a pesar de las asesorías del FMI, constantemente anticipó que el ratio deuda pública/PBI de la Argentina se estabilizaría o mejoraría, la recuperación no sucedió. La evolución de la relación deuda pública/PBI superó las proyecciones del FMI realizadas en cinco diferentes evaluaciones entre 1998 y 2000” (Economic Letters – Octubre 2002).

¿Se equivocó el FMI o fue la zanahoria delante del burro para avanzar en la ejecución del tradicional y premeditado ciclo del fracaso económico progresivo y recurrente, esencial programa para crear las condiciones de atraso y sometimiento nacionales? O acaso, señor Prat Gay, ¿Ud. coincide con este análisis del FMI mediante el cual el organismo justificaba, en octubre de 2003, que la implementación de una política fiscal expansiva no hubiera servido para paliar la crisis de 1998/2002?

Lessons from the Crisis in Argentina
Fuente: “Lessons from the Crisis in Argentina “, Departamento de Revisión y Desarrollo de Políticas del FMI – 8 de Octubre de 2003.

En la página 47 del referido informe se advierte este notable recuadro. Hemos subrayado en rojo las partes que a continuación traducimos textualmente. Título: “¿Podría haber estabilizado la dinámica de la deuda la aplicación de políticas fiscales expansivas?”. Recordemos que el informe es de octubre de 2003. Néstor Kirchner ya había comenzado, como se verá luego, a implementar una agresiva política de expansión fiscal. Sin embargo, los tecnócratas del FMI prefirieron responder a su propio interrogante no con la realidad sino con… fórmulas matemáticas. Argumentan pues: “Algunos comentaristas han afirmado que el ajuste fiscal, a través de un debilitamiento progresivo de la actividad [económica], exacerbó la dinámica de la deuda argentina [léase, el endeudamiento], acelerando las causas primigenias de la crisis. Para evaluar esta afirmación, es útil considerar bajo qué circunstancias una ampliación del déficit podría reducir la proporción de la deuda”. ¿Y cómo fue que confrontaron la hipótesis anterior? ¡Con dos fórmulas matemáticas! Claro, el resultado de la ecuación no les dio muy bien, resultado que les llevó a concluir, finalmente, que “… incluso en circunstancias más favorables, una expansión fiscal no hubiera ayudado a estabilizar el nivel de deuda”. Amerita, por tanto, preguntarle a Prat Gay y demás tecnócratas de mercado si están utilizando las mismas ecuaciones que las del FMI. Como sea, parece que ahora tampoco están dadas las condiciones favorables para aplicar políticas contra-cíclicas (sería bueno que echando mano a esas fórmulas algún economista heterodoxo chequeara si tales condiciones se verifican o no; por las dudas). ¿Alguna vez lo estarán bajo administración neoliberal? Nunca. ¡Es que el pueblo les queda afuera siempre porque siquiera idearon una variable matemática que lo represente! (Advertir que, a diferencia de las otras dos, la fórmula keynessiana -la tercera hacia abajo- incluye una variable ligada al consumo).

¿Igual, mejor o peor que en 2003?
Sin partido ni Estado, Néstor Kirchner asume la presidencia con el 22% de los votos. La Argentina estaba devastada, endeudada al extremo producto de la mayor liquidación del patrimonio público que recuerde la historia. Poco más de la mitad de la población en situación de pobreza (54%), cerca de un 25% de desempleo, una economía en ruinas (la deuda externa representaba el 140% del PBI) y con las tasas de homicidios dolosos y hechos delictuosos más altas desde 1991. En el alumno estrella del FMI, los salarios y las jubilaciones sobresalían por ser los más bajos de toda la región, no existían las paritarias y la miserable cobertura de nuestros abuelos y abuelas con suerte arañaba al 50%. La crisis social y económica tendría su correlato en un aparato industrial al borde de la extinción, provincias y regiones agonizantes y un pueblo abatido. Pero Néstor Kirchner se cargó el país al hombro y lo rescató del infierno.

A mediados de 2004, el gobierno nacional impulsó la priorización de la inversión en obra pública con metas de crecimiento en función de los PBI provinciales y nacional al 2010, metas inéditas desde hacía casi medio siglo. Sus motores fueron: el Plan Energético Nacional (lanzado en 2004), el Programa Federal de Reactivación de Obras FONAVI (etapas I y II), los planes en agua potable y saneamiento básico (Plan Nacional Federal de Recursos Hídricos) y la Ley de Financiamiento Educativo. Las dos primeras y estratégicas medidas tomadas por su gobierno acontecieron en 2005: la quita de deuda (de 171.000 millones de dólares de deuda acumulada en 2004 a 113.000 millones en 2005) y el rechazo al ALCA en la histórica cumbre de Mar del Plata. Un año después, se cancelaba la totalidad de la deuda con el FMI, y con ella, el mayor proceso de desendeudamiento desde nuestro ingreso al organismo multilateral en 1956.

Pongamos esto mismo en recientes palabras de Mark Weisbrot, economista estadounidense columnista de The New York Times, The Guardian, Folha de Sao Paulo y Huffingtonpost, entre otros. En su columna de este último medio, publicada el 20 de noviembre del año pasado, escribió: “Desde 2003 y hasta 2015, según el FMI, la economía real argentina (ajustada por inflación) creció alrededor de 78% (hay cierta controversia sobre este número, pero no lo suficiente para cambiar el panorama). Esto significa un gran aumento en la calidad de vida, una de las mayores en las Américas. El desempleo cayó de más de 17,2% al 6.9% (FMI). El Gobierno creó el programa de transferencia de efectivo para los sectores más vulnerables más importante del continente. Desde 2003 hasta la segunda mitad de 2013…, la pobreza cayó cerca del 70% y la extrema pobreza en un 80% (estos números se basan en estimaciones independientes de la inflación)”.

La industrialización del país, el ensanchamiento del mercado interno vía aumento del consumo de las masas trabajadoras, la distribución de la riqueza a favor de las clases populares, la reconquista de la soberanía política y económica, la progresiva participación del Estado como actor empresario e inversor estratégico, la planificación masiva de obras de infraestructura en función del desarrollo socioeconómico nacional, la política exterior fuertemente latinoamericanista y la socialización de algunos privilegios de la oligarquía y de ciertos sectores parasitarios lograron motorizar una inédita recuperación/expansión de la Argentina en calidad de Estado-nación soberano.

Una vez más, a los interrogantes de la introducción. Toca ahora el turno a la segunda pregunta. Señor Alfonso Prat Gay: ¿Estamos peor o igual que, por ejemplo, en mayo de 2003? Y agregamos ligado a la tercera pregunta: ¿Ha sido tan desastrosa la recuperación/expansión socioeconómica, productiva, industrial y tecnológica desde entonces y hasta… (complete usted con el año que más se le antoje)? Es sabido que la oposición, con tal de criticar al gobierno de Cristina Kirchner, se desvivía en elogios hacia los primeros años de Néstor. ¿Entonces? Señor ministro de Hacienda y Finanzas, que Ud. se decida por las mismas políticas económicas, financieras y comerciales que destrozaron al país es una injustificable canallada, sólo explicable desde el tradicional y premeditado ciclo del fracaso económico recurrente y progresivo por Ud. reinaugurado. Recordemos: brutal recesión entre 1998-2002. La economía perdió cerca del 20% de su PIB y la tasa de pobreza creció desde un 18,2% del total de hogares (octubre 1998) hasta un 42,3% (octubre 2002). Recordemos: 8% anual entre 2003 y 2008, sacando de la pobreza a más de 11 millones de personas en un país de 40 millones. Para revertir la aciaga herencia kirchnerista nada mejor que las políticas kirchneristas.

La recuperación económica argentina. Políticas y resultados
Fuente: Elaboración propia en base a gráfico de Mark Weisbrot y Luis Sandoval “La recuperación económica argentina. Políticas y resultados”, CEPR – Octubre 2007. Los autores emplearon datos de la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales (DNCN) y del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Es sabido que las reservas del BCRA ha sido durante la campaña y también ahora un tema harto preocupante para el macrismo. ¿Cómo habrán impactado las políticas neoliberales de antaño -iguales a las hoy aplicadas por Prat Gay- en las reservas del BCRA? ¿Y las políticas económicas de Néstor Kirchner?

Comunicado Número 48146, BCRA - 3 de Enero de 2005.
Fuente: Comunicado Número 48146, BCRA – 3 de Enero de 2005.

¿Quién, desde dónde y con qué objetivos se gobierna al país?
Ni Macri ni Prat Gay definen las políticas económicas aplicadas en suelo argentino. Son pasamanos de Washington, el FMI y la Troika europea que arrasa con las clases populares en el Viejo Mundo. Es el terrorismo financiero y los altos intereses corporativistas estadounidenses y europeos -sumados a sus históricos y tradicionales socios argentinos- los que se han hecho del Poder Ejecutivo el 10 de diciembre. Es por ello que repetir las políticas del menemismo y del radicalismo no constituye un error ni una salvajada, sino más bien la sabia y lógica decisión de avanzar en el camino del desmantelamiento de la Argentina como Nación, como sociedad moderna y civilizada en sus responsabilidades, derechos y horizontes; como economía autosuficiente y soberana; como mercado interno en expansión y pujante, abrazando al Mercosur y a la Unasur; como ciencia y tecnología pueblo-céntricas; como Estado protagónico en el desarrollo y la conquista de nuevos y superiores derechos, riquezas, recursos y emprendimientos en pos de la seguridad jurídica de las grandes mayorías; como provincias equilibradas a la Nación y entre sí, sin regiones o provincias privilegiadas; como planificación y obras en función del progreso para los 42 millones de compatriotas y los más de 3 millones de kilómetros cuadrados que componen nuestra geografía nacional; como energía abundante, barata, promotora de la industrialización y la mejora ascendente de la calidad de vida de la población (y si en este camino se presenta una balanza energética deficitaria; si distribuidoras o petroleras privadas se endeudan, etc., pues que así sea. La energía es un derecho y no una mercancía; la energía debe ser gestionada como una empresa pública, eficientemente sí, pero sin perder de vista su finalidad social, industrial y emancipatoria en lo económico, científico y tecnológico. Mejor el endeudamiento de empresas que ciudadanos endeudados para poder pagar la luz -o sin luz porque directamente no puedan pagarla-).

El premeditado ciclo del fracaso económico recurrente y progresivo
A modo de conclusión, dos últimas consideraciones. Transcribimos las palabras finales de Weisbrot en su artículo citado (recordar que es de fines de noviembre pasado): “… parece probable en función de los intereses que representa [Macri] y su orientación política, que la gente pobre y trabajadora de la Argentina llevarán la peor parte de cualquier ajuste económico. Y existe un grave riesgo que por seguir las recetas económicas de la derecha, él lance un ciclo de austeridad y recesión auto-derrotados [(self-defeating austerity and recession] del tipo que hemos visto en Grecia y en la Eurozona”.

En efecto, la administración macrista alinea la Argentina a la pléyade de naciones hoy regidas por el terrorismo de mercado, los fondos buitre y los intereses banqueros e industrialistas de Occidente. Nada nuevo bajo el sol de la oligocracia en el poder (democracia para el 1%). Macri y sus CEOs reinsertarán a la Argentina como apéndice de intereses foráneos, en calidad de mera exportadora de materias primas (granos, carnes, petróleo, gas y combustibles) e importadora de manufacturas y tecnología extranjera (satelital, para desmantelar ARSAT; energías eólica y solar, para encarecer la energía y congelar los proyectos hidro y nucleoeléctricos, etc.). Las políticas económicas, lejos de perseguir “salvarnos”, buscarán esa sinergia -intencionada- del fracaso recurrente y progresivo, es decir, el ciclo del que hablaba Weisbrot.

¿Y a qué nos conducirá tan funesto ciclo, con su recesión en camino y que una vez instalada no hará sino ir en aumento -nos dirán entonces que únicamente podrá ser combatida con más ajuste, más endeudamiento, más “inversiones” especulativas, más achicamiento estatal, más desempleo, privatizaciones y desnacionalizaciones varias-? Nos conducirá a esta imagen, extraída del diario ultra-conservador The Economist en su nota del 23 de agosto de 2001 y titulada: “La dieta de la austeridad”.

olla popular

Para comprender más cabalmente la imagen y las políticas del señor Prat Gay, a continuación parte del cínico texto que acompañaba la foto y que resulta oportuno y justo preludio del hambre, el desempleo y empobrecimiento generalizado que ya comienzan a sufrir nuestras clases populares a lo largo y ancho del país: “Aprobado el mes pasado en respuesta a una sequedad progresiva del crédito, la Ley Déficit Cero prohíbe al gobierno gastar más de lo que recauda en impuestos. Para equilibrar el presupuesto, Domingo Cavallo, el ministro de economía, se basa principalmente en recortes de hasta un 13% en sueldos y pensiones estatales. El descontento crecerá si la caída de los ingresos fiscales conducen a mayores reducciones de los salarios. El gobierno ha renovado su ahora habitual compromiso con el FMI en materia de evasión de impuestos. Pero el acuerdo contiene una nueva promesa [del gobierno argentino al Fondo] consistente en aprobar una ley de reforma a las finanzas provinciales… El gobierno liberará a las 24 provincias unos 17.000 millones de pesos este año, o casi un tercio del gasto total estatal. Aún así, las provincias se preparan para un déficit de 3,2 mil millones, acumulando deudas por 21.000 millones… [Pero] la debilidad política del gobierno implica que antes de abordar el financiamiento provincial, primero tendrá que llegar a un acuerdo para reestructurar su deuda. En esto puede contar ahora con el apoyo del FMI. La Argentina puede haber comprado a sí misma algunas semanas para negociar las reformas. Pero no ha hecho más que eso”.

El más trágico de todos los DNU
Vuelva el lector a posar la mirada en la imagen de más arriba; recuerde los anuncios de Prat Gay. Si la herencia kirchnerista es tan nefasta como dicen; si iguala o empeora a la recesión 1998-2002 o la crisis de 2001, adóptense entonces las políticas económicas de Néstor Kirchner para superarla. De lo contrario, háblese con la verdad y anúnciese al pueblo argentino sin tapujos ni cobardías que el camino hacia un nuevo endeudamiento, al Déficit Cero y a una Argentina reducida a la pampa húmeda -geopolítica unitarista insuperablemente sintetizada por Oscar Aguad- ha puesto primera, aunque con una salvedad: tales políticas no son parte de ningún manotazo de ahogado frente a una debacle irrefrenable, sino apenas el comienzo del largo, doloroso y premeditado ciclo del fracaso económico recurrente y progresivo. La Argentina como Nación social y provincialmente inclusiva, como Nación económicamente autosuficiente y diversificada, como Nación políticamente soberana ha sido vetada por DNU emitido en el extranjero, para uso de nuestros consabidos y argentinísimos tecnócratas de la colonia.

Bibliografia
Projections of Public Debt to GDP Ratio. Documento “Assessing Sustainability”, FMI. 28 de Mayo de 2002.

“Learning from Argentinas Crisis”. Economic Letters, Reserva Federal del Banco de San Francisco (EE.UU.). Octubre de 2002

“Lessons from the Crisis in Argentina”, Departamento de Revisión y Desarrollo de Políticas del FMI – 8 de Octubre de 2003.

Mark Weisbrot y Luis Sandoval “La recuperación económica argentina. Políticas y resultados”. Octubre 2007. CEPR

The Economist “Argentinas economy. The austerity diet”, 23 de agosto de 2001.

Huffingtonpost “Warning Signs on the Road to Change in Argentina”

Links
OETEC www.oetec.org
Institucional www.oetec.org/institucional.php
Nota http://www.oetec.org/nota.php?id=1520&area=14